Manifiesto sobre la mozzarella

Manifiesto sobre la mozzarella

 

Ya os hemos explicado en otro post cómo vivimos la alimentación como puro placer dependiente de todos nuestros sentidos. No solo el gusto, también la vista, el olfato o el tacto importan a la hora de comer. Por eso os dejamos aquí ocho indicaciones sensoriales para disfrutar al máximo de nuestra mozzarella:

1. Mantenla a temperatura ambiente unos minutos antes de comerla. Es la manera de apreciar al máximo su exquisito sabor
2. Mira cómo brilla su fina piel. Es muy delicada, conviene tocarla con mucho cuidado.
3. Pártela con un cuchillo y descubrirás su interior tierno y esponjoso. O atrévete a cogerla con las manos y a desmenuzarla en finas tiras
4. Huélela hasta que consigas mantener el aroma a leche fresca en tu nariz durante unos segundos
5. Lame para poder percibir su peculiar textura y su primer toque salado
6. Al entrar en tu boca, atrápala con los dientes y mastícala sin compasión
7. Deléitate con el festival de sabores sutiles que explota al degustarla. Salado al principio, un toque láctico después y ácido al final
8. Sola está deliciosa, pero puedes acompañarla con verduras como tomate o espárragos, con ensalada, frutas y mermeladas, jamón, frutos secos… es tan versátil que solo tienes que dejar volar tu imaginación

 


De Madrid a Portillo

 

Una de las primeras preguntas que asalta a alguien que se traslada a un pueblo desde una gran ciudad como Madrid es si se adaptará. Los ritmos, las formas de hacer, las prioridades, todo es distinto. Nuestra familia decidió vivir en Portillo, un pueblo a unos veinte kilómetros al sur de la ciudad de Valladolid. Allí está el local donde hemos instalado nuestra pequeña quesería, en el Centro Provincial de la Artesanía. Nos pareció una buena oportunidad para cambiar una forma de vida que no nos satisfacía y un lugar idóneo para criar a nuestros hijos. Y, desde luego, ha sido todo un acierto.

Portillo es un pueblo único. Es un sitio rodeado de pinares, donde la gente todavía se saluda al cruzarse por la calle aunque no se conozca, solo por educación, donde hay un maravilloso castillo, muy activo culturalmente, un lugar en el que siempre hay alguien dispuesto a charlar o a echarte una mano, un pueblo lleno de artesanos que nos deleitan con sus maneras de hacer y tantas otras cosas que os iremos contando.

Para nosotros, foráneos, llegar a Portillo ha sido sentirnos en casa rápidamente y no a una casa vacía sino a un lugar inquieto, activo, con personas dispares que lo hacen especial.


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